SIN VANIDAD

Este libro de poemas va dedicado a toda la falta de cordura en aquellas mentes donde no brilla el sol.

Ya sea un día preciado o una vida de desdicha, aprensión e imbecilidad.

También a aquellos perturbados a los que les perturba la perturbación del odio, la violencia y la amargura.

Pesimismo hecho letras. Pero desde la magia del oro de las almas rectas y puras ante los injustos pesares de la vida.

Poesía altamente constructiva, ambiental, atrevida y poderosa, se desenvuelve en un circuito de ansias de desvelar propósitos contrarios a la vanidad.

 Barcelona 2015



Alguien

Un aire fresco
corre por mis venas
ansiando más viento frio
cual hielo
en la ultratumba.

Quiero que alguien me recoja
cuando me desmaye,
a alguien que me consuele
cuando no pueda asentir más,
a alguien que me respete
cuando yo ya no lo haga,
a alguien que me asuste
cuando esté confiado,
a alguien que me aturda
cuando esté excitado,
a alguien que me estimule
cuando esté cansado.
A seguir
en la buena dirección.
A volver a creer en mi,
a volver a aprender,
a volver a sentirme libre,
a volver a amar,
porque estoy harto
de la suciedad
que invade mi alma.


Arte, creo…

Digo…
Y me creo.
Me creo,
y creo en lo que digo,
y digo lo que creo…
Sólo tengo mi arte
yo soy mi arte,
y mi arte soy yo,
yo,
yo, yo,
yo.
¡A la mierda todo!
¡A la mierda!


Como una rata

Sentenciado a no dormir
me pregunto
si la fatal percepción
es auténtica.
Perseguido por atentar
contra mí mismo,
como el cereal del rico bizcocho
que se tuesta
en un horno de piedra.
Estoy cansado de esperar,
cansado de no encontrar,
buscando sin descanso
el inminente porvenir
del cambio,
enigmático,
que proporcionará
a mi mente
la asombrosa paz
tan ansiada.
El próspero
y delicado momento
que me incumbe
más adentro de mi alma,
que el cáncer
de una sucia rata inmunda.



Como una rata

Sentenciado a no dormir
me pregunto
si la fatal percepción
es auténtica.
Perseguido por atentar
contra mí mismo,
como el cereal del rico bizcocho
que se tuesta
en un horno de piedra.
Estoy cansado de esperar,
cansado de no encontrar,
buscando sin descanso
el inminente porvenir
del cambio,
enigmático,
que proporcionará
a mi mente
la asombrosa paz
tan ansiada.
El próspero
y delicado momento
que me incumbe
más adentro de mi alma,
que el cáncer

de una sucia rata inmunda.



Controversia de cristal

Hace calor
y yo tengo frio,
pienso
en que no tengo en que pensar.
Salto sin moverme,
quieto,
como un camaleón,
cambiando de color
en blanco y negro.

Respiro oxígeno
en la luna,
faz y tez
del continente perdido,
caigo hacia arriba
por una cascada
de animales muertos,
recorriendo perpetuas rutas
en el interior
del líquido helado.

Como sin hambre,
con miedo
a perder peso,
peso inútil,
revolcándome en el fango,
fango de estrellas
en el desierto de cristal,
cristal salado
por el mar.


Corderos degollados

El león.
El gato.
El cordero.

El león
no aguanta
y ataca
con el rugido
del repentino crujir
de las ramas secas.

El gato,
felino y fugaz
desaparece.

El cordero,
degollado,
pierde la vida
y servirá de alimento
a los hombres
y mujeres
del cuento.

El cuento inexistente. 


Delirios de inocencia

Estoy triste.
De repente invoco
los mejores pensamientos
que un ser humano
puede tener.
Resuelvo algún algoritmo,
pero desde que estoy muerto
en mi pensamiento,
rígido cual planta en un pantano,
brilla a la luz de la desesperación,
como un gato en la noche
maúlla de dolor.

Me creo mucha mentira,
me creo mucha angustia,
creo en que caigo por la alcantarilla
y se pudre mi corazón,
en esas aguas atentas a mi despiste,
atentas a un error jamás aclarado
a ciencia cierta,
lo sé,
queridos  putrefactos
delirios de inocencia.



Disparo de terciopelo

Demasiado carisma.
Demasiado poco hijoputa.
Dispararé a aquel
que atente
contra mi vida.
A aquellos
que representan
la maldad.

Demasiados llantos habría,
muerte súbita.
Estoy loco.
Loco por acabar
con la existencia
de esos seres violentos,
putrefactos individuos.

Acabaré con ellos,
con el disparo
de terciopelo…
el disparo con silenciador.
potente y letal.


Divago sin soberbia

Como un huevo,
frito.
Frito como un chuletón
de vaca loca.
Me perturba la maldad humana.

Lloro en silencio,
pero no por dentro, por fuera…
pero lo disimulo…
así como las ganas
de matar
a otros seres…
incapaces de comprender
quien es quien…


Dolor

Momento de gloria.
Momento de guerra.
                                     -interna
Luz de linterna
en campos vírgenes.
Aplastados por la marea alta.
Colmada de petróleo,
petróleo perseguido
por un proceso de calor,
mental calor.

Sin ver la claridad del asunto,
claridad serrada
con metal de llanto,
llanto e impune desasosiego,
incomprensión delirante,
intermitente dolor,
dolor.


El cuento de navidad de nuestro parecer

¿No existe nada?
¿…o… todo existe?

¡La realidad de todo es uno mismo!... ¡A la mierda!

A la mierda…
¿Cómo se os ocurre que existe semejante trastorno?
Muchos locos sueltos.
Y unos pocos en las tinieblas.

Los ricos en el yate.
Los pobres en la cárcel.
Las putas en la calle.
Y los locos….
Los locos encerrados.


El errante

Me tengo que calmar.
Calmar mis ansias
de megalomanía…
¿Delirios de grandeza?
                                     No…
Son delirios
del sello
de la autenticidad,
un producto
vendido al millón el Kilo..

Sirviéndome
de todo cuanto veo,
cual mayordomo
que cree en su falso amo
para robarle
la identidad,
y errar por siempre
en calzoncillos
por los tiempos de los tiempos.


El experimento

Me pierdo por el camino de piedras
de la miseria,
el de la soledad,
el de la azarosa desdicha.
Falta de victorias.
Falta de encuentros esquizofrénicos.

Espero encontrar en mi camino
lo que me haga llorar de emoción.
Tanta muchedumbre
descontroladamente estúpida
me quita las ganas
de seguir sonriendo.

Despechado de mi templo,
buscando un equilibrio
que no cesa de pasión
por el grito lo auténtico.
Busco el mensaje de la historia
de la humanidad.
Busco en sinceridad sincera
los aplausos
que aplaudieron
lo mas grande de este experimento,
el experimento tiene que valer la pena,
el experimento está lleno de basura…
gente sin ley.
Gente sin cordura.
Cordura a base de falso amor. 


El fantasma

Un café.
Negro.
Caliente.
Lo tomo y salgo volando,
por el cielo.
Ni un día de descanso.
atuendo
del libre pensamiento,
la obsesión
cercenada
por la ventaja
de ser uno solo.

Echo en falta
tiempos pasados,
mas el futuro,
gris y cromático a la vez,
me absuelve
de todos mis crímenes,
crímenes de niño…
simplemente
relaciones infantiles,
cuyos pesares
perecieron
al salir a oscuridad,
oscuridad cuya esencia
desintegra
el perdón
haciendo de ello
un fantasma
Un fantasma que vuelve
para asustar
a la mente débil.


El oso y el camello

Me alegro por él.
Creo que se lo merece.
Morir, digo,
en la alfombra voladora.

Subir a flote,
por las trampas humanas
como un oso
en el Ártico,
protegido de los furtivos,
furtivos débiles
y perdidos
por la inmensidad
del terreno nevado.
Nieve negra
vista por la oscuridad
de un eclipse.
Furtivos inconscientes
de lo espiritual,
cual camello
incrédulo
de la existencia de la rosada
bajo la lluvia,
de primavera,
primavera blanca,
blanca y efímera
como una visita inesperada
hacia el templo
de la falsedad.


El precipicio de noche

El cielo cae ante mí.
Por un momento
nada me perturba,
pero esa inmensidad
es terrorífica,
terrorífica como la noche
más larga del mundo.
En campo abierto
se piensa a gusto,
en cuatro paredes,
se adivina
gravemente herido
de cabeza para arriba.

La mente piensa en centésimas,
puede romper,
puede navegar,
puede penetrar
por cada rincón existente,
y se traba,
cual ametralladora
machaca-carne.

El cerebro rasgado
por malas psiques…
ellas son las tinieblas
del castillo
del conde locuras.
El conde piensa demasiado,
un grito, un segundo
y cae por el precipicio.
Ese concepto
asusta
a quien lo toca
o lo respira.

La caída es
tremendamente alta,
y por ello,
sentirla
es obligatorio,
y palparla
es la justicia
del terrible camino
hacia uno mismo,
hacia la otra cara
del tocador,
con perfumes
que acarician
cuando riegan sus líquidos
el todo.

Caros perfumes
que dejan ver su aroma
de moléculas atómicas,
moléculas reales
ante los ojos de dios…
dios caerá
cual hoja al viento
hacia nosotros,
los seres libres
pero inmortalmente
efímeros.


Es como Antony

Que belleza
cuando quiero el todo.
Pero entre dos tierras.
¿Estoy como todos?
Un vampiro demasiado viejo
para chupar sangre,
un cocodrilo sin mandíbula,
sólo tengo mi arte,
y mi corazón,
mis manos,
mi mente,
mi alma.
Un momento que culminar.
Un día donde poder cantar.
El anonimato amoroso.

No tuve amor.
Ni no tengo ahora.
Sólo el que yo emano,
transparente y cauteloso,
frágil y cristalino,
igual que pompas de jabón
reflejadas en el agua,
reflejos de mi pasado…
sólo persigo la gloria,
siempre la perseguí,
y no tengo reparo alguno
en reconocerlo.

Soy cuanto soy,
un vampiro demasiado viejo
para chupar la sangre…
pureza es cuanto soy,
la pureza es mi fuerza,
mi fervor por la vida,
vida perdida
por caer de culo,
antes de tenerlo
y entender…
que el culo es un colchón,
el colchón del alma.


Escribo

Escribo
para el resentimiento
de mis perturbaciones.

Escribo
para sacar de mi mente
la basura
que siempre vuelve
con aroma
a fruta podrida,
fruta buena y rica pero podrida.

Escribo
para que un día
otros comprendan
que el ego es duro y áspero,
agridulce y amargo,
dulce y catatónico…

Escribo
para que siempre
brote una flor de esperanza,
para que un rayo de sol
alumbre nuestras cabezas.

Escribo
Para que cuando un ser vivo
piense en morir,
pueda pensárselo dos veces…
para que crezcan las hojas de menta
en la maceta del alma,
para que un grito
tenga su silencio,
para que cuando ellos nieguen su dolor…
                                                                        -sean libres…


Estrellas de madera

Estrellas de madera
que alumbran colores
en el cristal
ahumado
por el calor y el vapor.
Una limpieza rica
en proteínas
por la magia
del amor.

Odio,
odio acompañado de amor,
los dos se queman
dejando la ceniza
lista para ser esnifada
cual cocaína
reservada
al amanecer. 


Futuro

Veo un futuro.
Está sucio.
Pero quema de sinceridad.
También preciado cual sal de la vida.
Es decir,
los pequeños momentos,
buenos momentos.


La amenaza

Tengo miedo.
La amenaza,
la siento,
la respiro.
Alucinaciones en vano,
no podemos
caer en el olvido,
él no lo permitirá.

Un tobogán de cactus,
un bocadillo de clavos,
unos zapatos
llenos a rebosar
de mierda…
tengo miedo,
de todo
cuanto presiento.

La luz se convierte en oscuridad,
la oscuridad se convierte en un tsunami,
el tsunami se convierte en una explosión nuclear,
la explosión se convierte en el fin de los tiempos,
el fin de los tiempos se convierte en el amanecer hacia la libertad,
el amanecer se convierte en la soga de la muerte,
la soga se convierte en el aire de la vida,
el aire se convierte en el calor del presente,
el calor se convierte en el juego de la realidad,
el juego se convierte en la fuerza,
la fuerza se convierte en el clamor de la victoria de luchar por la canción, la dulce melodía de la verdad del tumultuoso conocimiento,
conocimiento puro sin maléfico sacrificio hacia la extinción.


La espuma

Una niebla brilla
en el horizonte.
Una luz se apaga
en la ciudad,
saldrán
los errantes seres
a contemplar
lo que es suyo.
Como yo,
creen en la magna
libertad,
quieren evadirse
a base de alcohol…
                                       -pero no pueden.
No pueden deshacerse
de su dolor
con una copa
ce caridad,
sutil,
como la espuma
del champán
en una fiesta
de disfraces.

Como el humo
espeso
en el infierno,
el infierno
en un corazón
dañado y marcado
por la pútrida
somnolencia,
somnolencia cerebral.


La idea

Me obsesiona una idea
y caigo en un despacho.
Una cenicienta pálida,
despistada.
Un record de malos pensamientos.
Un impulso repelente.
Una obsesión por no haber
sido más rápido, y
todo se ralentiza a mi alrededor.
Todo cae y desborda…
el transbordador
de mis pensamientos.

Respeto que se deslice
y resbale con dificultad,
la misma dificultad
que dispara una escopeta recortada
expandiendo la pólvora
en mi puta mentira,
una mentira de la obsesión,
obsesión, obsesión barata,
ardua tarea de neuronas
incandescentes al valor de su mismidad.

Me atormenta todo,
todo es difícil,
hasta el recuerdo
del porque me obsesiona una idea.
Me obsesiona una idea,
una idea.


La miel

El reflejo que me perturba
cuando me hincho de veneno
es así.

Si me pinchan explotaré
cual uva al caer
contra una roca.

Me sacan de quicio,
y ellos,
no podrán cambiar…
veneno de cobra escupidora,
ramera de pueblo,
la más furcia
de un burdel de bolsillo,
macerado en miel silvestre,
húmeda y dulzona
al tiempo…
seca y pegajosa.

Todo se pudre,
desde la materia orgánica
hasta las mentes.
Cual chillido de espanto
al reconocer
su propia desdicha,
la perpetua mente vacía.
Vacía. 


La mirada

Agua marina
se mete en mis oídos,
cortando el paso
hacia buenos momentos,
penetrando en la piel
como la picadura
de una medusa,
la misma medusa
que cree su misión completada.

Veo cables de colores
liados entre si
cual madeja de lana,
perseguida por el felino
de las infelices
atrocidades psicóticas.

Ellos son mentiras,
son perpetuos síntomas
de la depresión,
ellos son todos aquellos
que no se ríen
de sí mismos.

Contemplados
por las nubes
en un día de tormenta,
oscura tormenta
que proclama rayos
de poca esperanza,
esperanza cuya mirada
deja echo piedra
a quien lo observa.  


La misma pequeña cosa

La misma pequeña cosa.
Una soledad me invade
y me rompe en pedazos.
Los pedazos
otra vez pegados
por la fortuna,
por la buena suerte.

Me rompe el alma
la misma pequeña cosa,
palabras escritas
antes que pensadas.
Una soledad
rompe mis pensamientos,
rompe mi espíritu,
quiebra mi pensar,
y mi pesar…
ardo por lo que ardo

Y mi pesar es pensar
                                       -que allí sigo.
Rompiéndome
y soñando en que sigo
atento, esperando
a que llegue mi oportunidad,
la misma pequeña cosa.
Un golpe
en el gran enfoque
emocional,
existencial,
y vital momento.


La morsa

Pasa el tiempo
y yo estoy tan solo.
No puedo abrir mi corazón
a ninguna mujer
hasta que lleguen
los días de mi triunfo.

Tomo té con menta
para ahuyentar
a la morsa humana,
decrepito mamífero
con piel grasienta
y dientes inútiles
e inmóviles,
aleteo de incomprensión,
falta de cordura,
obsesión
inmadura,
corrosión de plástico líquido,
liquido cuchillo
de doble filo.

Tengo el deber  de hacer
lo que tengo
que hacer.


Los tontos

Eran dos tontos que conocieron otros tontos.
Se volvieron más tontos
y llamaron a otros tontos,
más y más tontos…
eran muy tontos
y así fueron conquistando
la faz de la tierra.

Tierra de tontos.

Que se alce la intelectual naturalidad
del hombre y la mujer.
Grande y sincera búsqueda de la experiencia.

Falta mucho arte.

Y me cago en la puta.

Y estoy más solo que la una.


Maneras

Recuerdo aquellos momentos
de deshonra.
Deshonra hacia mí.
Deshonra hacia todo.
Deshonra.
Deshonra hacia la madre que me parió.

Me parió como a todos,
existencialmente asustado,
asustado y delincuente,
robando el grito,
como la sonrisa que vuelve,
vuelve e intenta mejorar.

Aquellas maneras de sentir,
aquellas maneras de caer
y no poder saber
cuando volver a caer,
o cuando vivir sin saber…
el qué saber…
                                                   ¿quien sabe?


Mentes podridas

Mentes podridas
absorben tu alma,
chupan de tu vida
y de tu carisma incesante.
Caes en un hoyo
oscuro y hondo,
y no sales a cazar
a estas bestias.

Las mentes podridas
pecadores
en primera línea de mar,
disfrutando de lo de otros,
pero deben de ser
muy poco listos,
porque no conocen
el amor incondicional.

Por eso fallan
a favor de la infamia,
cual jueces
en una mazmorra
húmeda y fría.


Muchos momentos

Miro hacia el techo
y veo la fatalidad
cayendo por mi garganta,
sabor soez y amargo,
sabor caliente,
penetrante.

Veo la coherencia.
Tímida e incorregible.
Veo a la bondad
lejos de todos.
Veo el perfecto idiota
dentro de todos…
                                           -¿Es tanto el despropósito de aguantar esto?
Pasa de todo
y disfruta, dicen…
Mucha lucha
con uno mismo,
muchos momentos
mal ecualizados,
muchos momentos,
muchos momentos…


Nada

Como oyendo la vida
desde un micrófono…??

…Persevero en mi muerte.
Muerte invalida
e indiferente.

Nada.
Nada.
Nada, nada hasta el fondo del mar.

Me dan miedo
las sirenas.
Pero tenemos
que nadar,
nadar hasta el final
de los finales.


Necesito

Necesito encontrar hoy
el resto de mi camino.

Dices…
No estás en esto
como muchos creen…

Está mi yo,
está mi tú,
está mi nosotros.

Necesito reventar
y contar que sigo vivo.
Quiero un poco de paz
y algún sitio
para desmayarme.

Poder desplazarme tranquilo,
porque vengo de la frontera
entre la vulgaridad
y la genialidad…
y salto de un sitio a otro…
vengo de la noche al día y del día a la noche.

Necesito tranquilidad,
necesito un sitio
donde llorar por esto.
Pero nunca lo necesité de veras,
pero me lo exigen, si…
me exigen que llore…
que saque mi pena,
que saque mi ira, el odio.

Me lo exigen ellos…
ellos…
Nosotros.


Nº 15

Sólo te tengo a ti.

Vida.
Arte.
Muerte.
Vida.
Psicosis aguda.
Arte.
Vida… muerte.
Vida.


Raíces

Siento el clamor
de una batalla perdida,
perdida por el odio
y la rabia repentina.
Sacándome de quicio,
se desvela
una encrucijada
de situaciones
inverosímiles.

Como una planta
echando raíces
en la tierra,
fuertes raíces,
raíces impunes
a todos los enigmas
del temporal.

Raíces
que no se pueden comer
en el bosque encantado,
sino en la jungla
de hormigón…
callada…
callada por el viento,
viento matinal,
efervescente viento…
morir de pena
para reír en muerte.


Renacimiento

Dolor cuando miro
cuando no brilla el sol.
Dolor cuando veo
que no brillan las personas.
Cuanta violencia espiritual.

Si yo fuera dios,
en caso de existir,
como cuantos lo expresan,
quebraría el mundo
en un solo momento.

El respeto,
respeto y elegancia,
elegancia y hermandad,
hermandad,
y mentalidad fresca
cual sandía en verano…
el verano eterno
de los soldados
                                                      -del renacimiento.


Sin vanidad alguna

¿Quien será aquel que vengue,
a las mentes sanas,
vendidas,
por la falta de vanidad?


Sol

Solo.
Enterrado.
Sepulcro de la furia.
Furia de hambre.
Hambre de grandeza.
¿Delirios de grandeza?

No.

Receta de la grandeza.
Dejar el tiempo marcado.
Cual res roja
como el sol,
sol de soles,
sol de eternidad.


Tabaco

El cenicero
lleno de colillas.

Puede que mis pensamientos
sean el humo,
y mis actos la ceniza,
y mi vida las colillas…

Pero mi espíritu
es el tabaco,
siempre fresco y aromático,
dulce y sabroso
tabaco de pipa.

Perfecta forma de seguir viviendo…


Una imagen

Como en un baile
la piel deja el color,
música en efervescencia,
un atardecer que ella no ve…
yo veo y beso la luz,
necesito la que viene,
necesito una que esté…
una imagen encuadrada,
un paisaje veloz,
un prisma que coloque
la profundidad de si mismo…
necesito que me haga libre
                                                  -que me deje serlo.
Necesito un corazón caliente.
Como en un baile
donde el color es la verdad,
donde el color siempre existió.


Venganza bajo presión

Un viaje me espera
lejos de aquí.
Brillará el sol,
ahora
donde estoy,
huele a muerte,
muerte repentina…
huele a engaño,
huele a sangre,
la sangre que brota
de mis orejas
incendiada
por el fuego
de la venganza,
venganza aterradora,
infeliz y vagabunda,
atormentada,
solitaria,
insignificante,
y traidora.

Venganza contrariada.
Presión.
Presión vulgar e incierta,
violenta e incontrolable,
incontrolable
y ya perdida.
Como una batalla
acabada
que empezó
algún chiflado
imberbe.


SIN VANIDAD - 2015