ENTRE EL MAR Y LAS NUBES

En este libro de poemas se habla de descubrimientos y observaciones, no es solo un libro veraniego lleno de palabra romántica, visiones alegres y tratados de paz interior.

Va sobre el canto de la belleza de la vida, el amor por la materia intangible, el vivir por las enamoradas percepciones, el cantar libre y el sentir de la suave curiosidad por amar todo cuanto se ve y presiente.

Santander 2016











A la luz del puerto

Allá por el día
brilla la costa.
Brilla la luz del puerto.
Las gaviotas saltando,
subiendo por el aire
y volando cual papel de botella de sifón.
Los peces nadando.
Pensando como aparecer
ante mi visión marinera.
Las sirenas al fondo del agua
cantando a mi pregunta…
Ellas me atraerían como a un niño.
Pero soy poeta y me quedo donde estoy.
A la luz del puerto.

Las enamoradizas melodías
vocales de los viandantes,
pasan delante de mí con cautela,
y las cojo al entrar en mi oreja
penetrando desequilibradamente
como el mecer en una cuna,
como el pájaro que pasa entre una silla
muerto de risa…
Sin saber dónde empieza y donde acaba
la preciosa noche antes de ir a dormir.


Brisa extranjera

Una brisa se mece en el aire.
Toca las mejillas del joven escritor.
Unas pendientes de camino suave
son recorridas por la mano firme y cariñosa.

Del mar y las nubes hablo
cuando sube la marea.
Va y viene la brisa extranjera
cuando se va el sol.
Cae la noche plateada
con luces de teatro abandonado.
Con brillante visión de caleidoscopio.
A lo lejos.
La brisa extranjera.


Comunicación veraniega

El verano pincha en mi alma
un líquido de adrenalina.
Hace que ralentice mi don
antes de pensar.
Estoy apuñalado por una calma
y una paz sin precedentes.
Ya no soy tan joven,
pero soy más listo y más grande.

Las infusiones mentales
retocan mi ego en mi culo
y sale a respirar humedecido.
Soy libre para descubrir quien coño soy.
Quien coño me aguanta.
Y a quien coño le importo.
Los designios de mi cadáver en vida
salen a relucir
e impactan con mi corazón.


Con paciencia

Vivo un día con paciencia.
Un día de sol.
Un despertar caluroso,
lleno de enigmas…
La ciudad espera al solitario
domador de amores.
Inquieto paladar de caricias.
Imperecedero número de magia.
Magia en los jardines de pereda.
La gente pasa y pasa.
Mujeres guapas me sonríen…
Y eso les hace felices.
Y a mí también.
Paso de largo
y vuelo de alegría,
y de tristeza
al ver que desaparecen
y vuelven a aparecer.
Clima perfecto.
Clima perfecto.
Con paciencia.


Cuanta belleza y cuanta paz

Cuantas tardes pensando libre y certero.
Trinar cercano.
Necesidad que augura
la placentera paz del verano.
Un surtido de clamor.
Un deseo de volar hacia el interior.
De la claridad del valor del alma.
Un despido al despertar para saber
cuando y porqué.
Un claro oscuro.
Un decisivo querer,
deseoso de volver
y terminar para empezar.
Belleza y paz.
Belleza y paz.


De lejos, suave la música, suave la melodía

De lejos,
tras andar por los senderos urbanos
grisáceos y amantes del buen vivir,
me centro y respiro aire puro.
Oigo de lejos
una suave música.
Es jazz.
De los cuarenta.
Cuna del cine negro.
Cuna de las buenas historias.
Cuna de la suave melodía
del renacimiento del carácter
del hombre altivo.
Tabaco y té.
Música y tabaco.
Té y música.
Jazz a ritmo de droga natural.
Libe deseo,
que queda impune
por su atrevimiento sutil,
que destierra todo miedo…
Con un amor fugaz.
Fugaz y dulce cual bollo de canela.


De lluvia es

Llueve.
Traspasa el frío a la esquina temblorosa.
Desde el monte
cada gota que cae es mía.
Sube y baja por mi cuello
como una noria cae sublevada.
El fresco veraniego de la bahía.
Amanecer de gris agosto.
El cielo…
Y la mar azul oscuro.
Los aperitivos.
Las manzanillas.
Los pasajeros.
Melodías de voces cantarinas.
Palabras musicales.
Pájaros vuelan y posan,
blancos y enérgicos,
saltarines transparentes vigías.
La luz de la lluvia.
Porque de lluvia es.


De paseo

De paseo por Santander,
la luna compite con las nubes.
Aclama su derecho por nacimiento.
Calma y sosiego
le pido al puerto.
Paz y gloria
al transeúnte.
Amor para mi,
y dicha para la montaña y la mar.
Medicina para el alma.


Desenfreno en agosto

La terraza me impregna
de sabor dulce
cual miel azucarada.
El viento se asoma
sin pedir perdón
a mis alabanzas
y a mis cantos.
La lluvia de la tarde
desenfocada
alumbra mi estancia,
y el desenfrenado rumbo
de mi estima
parece estar desbocado
y placenteramente confortable,
ilusorio,
y lleno de maravillosas palabras
que sólo oigo yo
y mi curiosidad.


Distinguida miss Bárbara

Pausa entre mi mirada y su palabra.
Tersos movimientos de muñeca blanca.
Unos ojos que miro,
y veo lo que reflejan,
la mirada, tranquila como un paseo en barca.
El paso lento.
La caricia de sus labios,
caen desacelerando su carisma.

El interior, conocido y reposado;
Serenidad de volcán dormido.
El contorno del cuerpo, de trágica belleza.
La tez del rostro hermosa,
sincero rostro.
Su seriedad atraviesa parte de su momento soñado.
Los pasos relajados y bondadosos.
Su hermosura poco estricta,
y entrelazada enseña su enigma exhalado.


El amanecer en Santander
                                                            
Me despierto sin saber por qué.
Todo un día .
Todo un día por delante me espera.
Y alegría es lo que siento.
Y siento que vivo
con todo lo grande
de esta , la existencia.
Una cerveza de barril suave
cual beso de tarta de manzana,
una mismidad que amaga
el precio de las cosas,
el aprecio de las costas , las montañas
y las calles que suben y bajan.

Sol estupendo.
Cómo logra despertarme.
El amanecer en Santander
es precioso y vergonzoso.
Ciudad fresca de sonrosado fervor,
el amanecer en Santander,
el amanecer luminoso y triste
al mirar el cielo,
y al mirar al mar,
sabroso y no más.


El museo de la música

Y digo.
Veo a paisanos comer un solomillo.
La camarera me da cinco minutos
para hacerme el té.
Es cubana y se hace a Santander.
Los comensales
disfrutan de un día feliz
cual niña con veinte globos en la mano
volando por el cielo añil.

Yo acabo con la prisa de un pisotón
y me relajo con la vista, la bonita vista,
mientras el sol se esconde
entre la nubosidad etérea.
Y la brisa marítima en alza,
que se cuela entre mi camisa
y mi piel…
Y la siento pausada
como el tronco de un árbol.
Un árbol de raíces fuerte
que añoran verlas partir.


En el sueño aromático

He tenido un sueño.
Trata de un paseo por los campos pasiegos.
Por la tierras vírgenes.
Por las tenues montañas de un brillante verde…
Siempre que estoy aquí,
me enamoro.
Todas las mujeres son para mí
Yo pienso en mi interior.
Pero recuerdo
que tiene que ser muy especial,
y muy única.
Tiene que ser la mejor dama
que dios haya echado del paraíso.
Paraíso que junto a ella será pura vida.
Alegre como en un sueño.
En el sueño aromático.


En la tertulia 17

En este café yo me siento
a tomar el té
Gran sensación de paz,
de brisa santanderina.
Un soplo en la tarde libre
con imágenes de juventud.
Y la caricia caliente
del sorbo de noches tropicales.

Una africana
me acompaña a distancia.
Su hermana a lo lejos.
Ya me perdonaron
de antemano
mi enamoramiento sutil.

Elegante y cauta mi mirada
hacia lo inalcanzable.
Suavidad hacia el respeto
que siento hacia ellas.
Porque antaño lo mismo me pasó.
Que me encontré yo
con dos hermanas.
Y así me zambullí en el amor
que me llevó al amor.
Amor eterno,
yo observo de lejos.
Aunque lo que pienso
es que el amor es supremo.


En verano de cristal agudo

Aquí siempre llueve.
El clima acompaña a los enamorados
que apasionados se besan
a la luz de la estrella más luminosa,
cual luna en su cara oculta
que brilla por su emblemático misterio.
Voy por los mercados
y tenderetes a ver si cae algo.
Un paseo en noche negra.
Los pasos se desintegran
dejando la huella al nuevo caminante.
Al enamorado y enamorada
que se besan en verano.
En verano de cristal agudo.
Brisa de la mar.
En verano aire puro.


La claridad de la noche

De noche
un helado se me deshace en la boca,
libre de malos pensamientos.
Elocuencia perspicaz
en el amor nocturno
que mece mi mente
a lugares bellos y libres.
Mece mi corazón
a años venideros
cual paz en la tierra
y gloria en la vida.


La claridad de la tarde

La tarde.
Sincera tarde.
Donde sopla la brutal esperanza
de aquellos momentos de gloria.
El pasar del tiempo
esconde enigmas que emanan
sangre de recias florecidas victorias,
aquí, en Santander todo sabe mejor,
hasta las tempestades son maravillosas,
lluvia de canto,
hierba verde y húmeda
por la tarde,
la tarde, joven y audaz,
repleta de puro enérgico dulzor,
dulzor por la tarde,
la tarde.


La claridad del día

Un buen día.
En un buen café.
Un café
en buena compañía.
Una buena compañía
en un buen día.


La mirada que nunca duerme

Puse puntos suspensivos
y di un paso.                      
Un paso gigante.
Y superé parte de mi miedoso pesar.
Miedo y después gloria.
De seguido calma.
Después alma propia.
Alma mía.


La playa del camello

Veo el sol brillar.
Una serpentina de cuerpos húmedos.
Diversión y júbilo.
Hace calor,
y un baño hará que desaparezca.

Con todos brindo sin temor.
Una flecha impacta en mi corazón.
Es una belleza santanderina
que choca en mi alma
y colisiona con mi espíritu.

Una cañita empieza
a bajar por mi garganta,
y unas patatillas fritas
corren por mi boca
con un gusto imperecedero.
La playa del camello baila y baila
y da vueltas en mi cabeza.
Temor no siento.
Al contrario.
Siento placer.
Tan pertinente cual espuma del mar…
La playa del camello.


La pluma que cae

Una pluma cae al suelo
empujada por la corriente mañanera.
Un soplo de aire fresco.
Un sacrilegio de bondad anímica
cual salto al vacío
en terreno lunar.

Cae una pluma.
Un calor que trepa
por la espina dorsal
cual calambre de un timbre
con música.
La pluma cae
y vuela cual espíritu fantasmal.
Y penetra en el corazón del vagabundo.
El ser despierto,
que nervioso cae rodando
hacia la placentera barca,
que navegará por los mares del norte
y vivirá las mareas.
Y surcará la verdad en las tinieblas
más puras y magnas.


La pobre sardinera

Ella está sola.
A solas.
Solitaria.
Quieta ante miradas curiosas.
Atenta al paso del tiempo.
Contenta e insólita.
Triste y vigorosa
como los ojos a manos
del escultor y poeta moribundos.
Ella a solas.
Pobre sardinera.


La tenue luz de música

Luz tenue de música.
Belleza translucida
de tristeza y álamos vacíos.
De maravillas sonoras.
De melodías perennes.
Del cantos sutiles.
Con joya y hermosura afín
al tesoro del alma.

Los oídos aplauden
al grito de escobilla rascadora
en el tambor que palpita
cual corazón enamorado.
Niñez donde todo era pureza.
Donde todo era fuerza.
Fuerza de los sueños.
Donde era buen mirar
y buen sentir.
la gota del amado pasajero fugaz…

…Cuando lo eterno era un presente que brillaba.
Y la calma soplaba entre tejida
con seda dorada.
La tenue luz de música.


La tranquilidad de la fuerza divina

La tarde se hace larga.
La esfera de fuego me alumbra
sin precedencia alguna.
La luz naranja del don de artes
se hace útil y servicial.
La carencia de amor
es insufrible en estos días,
y yo, quieto y deseoso,
reconozco que hay en mí
un cambio que nacerá muy pronto.
Y eso me da tranquilidad y sosiego.
Venceré y venceré a los demonios de la mente.
Porque lo que viene
es importante e interesante.
La tranquilidad de saber
que puedo mejorar y superarme.
Ver lo bello
y tratar a la vida
con toda mi fuerza divina.


Las amapolas

Los arboles cantan.
El viento los trata con esmerada calma
Las flores suben al cielo
y del cielo bajan amapolas.
Rosas con espina…
Espina que pincha
pero da la magia de la tarde.
Una terraza y una mesa.
Dos sillas y un amor.
Una fría estela de calor.
Un claro esquema de la felicidad…
Que tanto amo y respiro.


Las calles de la manzanilla

Las calles en pendiente
aclaman mi pausa del caminar.
El camino se tiende
propio de un delirio de placer.
Se ve la mar azul y blanca
como el cielo refleja los pensares
del sueño eterno.
Un sueño en tierras celtas.
Un sueño en tierras
visceralmente acogedoras.

Las calles de la manzanilla son propias
de un perseguidor perseguido
por sus hazañas sutiles y sencillas.
Hazañas que recorren el corazón
y emancipan el alma a volar propulsada
por un momento de gloria…
Y un destino frágil de  cristalino
que transparente es de un gusto
a flor del desierto.
Desierto en las largas horas pensantes
y en los largos tragos reconfortantes
que atienden a la llamada
del espíritu bohemio.
Bohemio.
La bohemia.
Las bohemias calles de la manzanilla.


Las nubes en la avenida

Tremenda belleza.
Las nubes.
Negras como ella.
Agradable y pintada a pincel.
Me afana a decirle que es tremendamente hermosa.
Las nubes.
El mar.
En la playa todo junto.
Y su cara…
Por la avenida.
Sutil preciosidad.
Morena tez.
Frágil y suave…
Como las nubes.
Las nubes en la avenida.


Los prados

Huele a campo verde
mojado por la lluvia matinal.
Aromas exquisitos.
Orden de palabras bellas.
Casas y queserías.
Queso nata y picón.
Con pan y vino.
Vacas que avisan
al calmado paseante campestre
y le dan todo el cariño,
su leche, dulce y pura,
color nieve y flora,
los prados,
belleza celta,
música para oídos finos,
aromas exquisitos…
Los prados.


Músicos y poetas

Un viento de calma encendida.
Traspasa la barrera de la realidad.
Crece y crece,
y camina como si de unas piernas largas se tratara.
Piernas del amor eterno…
Trovadores han perseguido esta alquimia
toda la vida.
Músicos y poetas la han percibido.
Románticos la han perecido,
en todo el mundo
y en los paralelos,
ha sido punto de unión
entre el corazón y el alma.
Músicos y poetas la han vivido.
Porqué es el método de la función.
La manera de perseverar
en la existencia.


Palabras mágicas

En estas tierras de libre pasto,
estoy yo más solo que una estrella en el cielo.
En estas calles donde muero a cada paso,
desisto de seguir gritándole al viento,
en estos montes de verdes praderas,
siento mi poder y mis angustias,
sentimientos apasionados
cual espuma del mar,
en estos parajes divinos repletos de maravillas,
aguanto el aliento
ante el impulso de mi alma
a querer más y más a la vida,
que rompe en mil pedazos
todo cuanto existe.


Sentimiento desenfadado

Que aroma tan febrilmente
honesto y embaucador…
Pasajero y desenfadado.

Pasa el caminante
saludado por mi apartada
célebre mirada.
Un paso más para ser tanteado
por el calor de las cuatro de la tarde.

La paz que induce al crimen pasional
que desemboca el alma perdido
en un laberinto de plantas silvestres
y flores rojas.

El visitante es la certera intrusión
al intelecto del poeta soñador…
Por las bellezas encontradas
que trova por el camino.


Serena montaña

Los pastos,
del color de la olivera.
El norte enseña los dientes,
en lo alto sosiega.
Y por el medio respira.
Los pastos
de la serena montaña.

Es de tinieblas curanderas
y el animar feroz escondido
entre la maleza.
Maleza mojada por el alba.
El alba clara y matutina.
Periódicamente selvática.
Altiva y generosa
da a mi palma de la mano
el libre canto de mi travesía…
El libre canto de la serena montaña.


Siempre esperando

Esperando el momento, esperando.
Esperando indeciso.
Suspirando.
El aire me falta
y mis ojos van a mil por hora.
Solo y desnudo,
me pregunto qué es lo que pasa
en este mundo.
Entre las mujeres y las flores…
Y palpito para las dos especies…
Y palpito por dos motivos.

Una declamada rosa de jardín.
Infravalorada.
Un carácter más bien poco súbito.
Una mirada relajante.
Con cariño.
Con la brisa que mece sus cabellos.
Con una voz callada.
Siempre esperando.


Una paloma

Una paloma se me acerca.
Temblorosa
Distraída por su cabeza firme.
Movimientos de un trato de barrio.
Donde aquí las calles altas
y bajas se mezclan…
Y deshacen la diferencia que no turba.

Entre ellas las mujeres
más bellas que caminan.
El tesoro del clima es de incalculable valor
Y su destello emociona
y no se puede comparar,
sino, con las altitudes de los montes fríos.

Una paloma se me acerca
y me mira con susurros.
Y cuando ella lee mi poema sale y vuela.
Y nunca vuelve.
Y nunca.
Nunca volverá.


ENTRE EL MAR Y LAS NUBES - 2016