DE MENTES

En este libro de poesía se trata la profecía hacia un gusto etéreo y singular, unas ideas hacia la fuerza del anonimato, mentes que piden ayuda y cuerpos que claman justicia.
Papel que vuela, letras que envejecen, textos que emanan tiempos inciertos.

Pensamientos que reservan el dolor del sueño aun sufriendo buscando el contorno de la belleza, textos ensayistas hacia la verdad del conocimiento de la pausa del alma para recobrar el aliento.
Escrito en parte con enajenación mental, -el autor descompensado-, buscando la carga de su presión a peso.

Una sobredosis de realidad para descubrir que la mente juega a contracorriente y puede naufragar en el mar de los pensamientos.

Barcelona 2017



Apuñalado por mi mismo

La hoja tiembla.
Al clavarse en mi hueso.
Costillas rotas.
Músculo dormido.
Frío golpe,
estrago de pepitas de chocolate.
La mujer del día equivocado.
La dama equivocada de día.
Los números se han vuelto locos,
como mi parte analítica,
la izquierda muerde el polvo.
Y resucita.
La derecha llora por la estrella
que explota y recae
en volátil esperpento
cual espejo a contra luz.
Mi imagen rebota contra mí.
Ya somos uno.
Porque somos dos.
Un cuchillo afilado.
Yo.
Apuñalado por el espejo a contra luz.
Apuñalado por mí mismo.
Mi parte dueña del mundo.
Como los barcos naufragando.
Como las olas
rompiendo a fuego lento.
Como el animal mitad luz,
mitad tinieblas.
Apuñalado.
Apuñalado por mí mismo.


Arena seca de agua viva

Paso las tardes tratando
de volverme loco por ti.
Paso los días en un agujero
lleno de rosas afiladas.
Pétalos líquidos y tallos infinitos.
En la raíz la cura del mundo,
la déspota firmeza del demente.
Paso de largo de la luz
que invade cuando no estás.
Y paso a paso llego a la cueva
de las sombras.
Tiento al llanto de la risa,
los pulmones humeantes
que explotan.
Fuerzas divinas me entristecen
y alegran la piel
gastada del viento.
Viento que erosiona
cada parpadeo al mirarte.
Siento que estás lejos
y que buscarte es juego del azar
del sueño del destino.
Paso queriendo solo pasar para quedarme.
Huir no es para mí,
solo permanecer unidos.
Como la lluvia al suelo mojado,
que cae, por el caudaloso muro inexistente
que nos separa.
Exprimo el zumo del fruto
desde el árbol pantanoso.
Arena seca de agua viva.
Viva como la prudencia
del grito impulsivo.


Bombas

Zambullido entre materia oscura
mi tormento se hace más fuerte,
y mis ánimos se encierran
en una cárcel de madera.
Y con la sierra de limaduras
estremece mi tiempo.

Relucidos los lugares de la luz incauta,
carrera de cerdos.
Meta es llegar desde adelante.
Seguiré encendiendo la fogata
que me vio vivir por la ventana
de los deseos más atrevidos.

La graduación se traduce al fin,
y el cuerpo deja la mirada azul,
cual gotas que emana la tierra seca…
Y por si acaso sitiase el caserío
con bombas de orina.
Bombas de materiales luminiscentes.


Buscando las bragas a la libertad

Desesperado por huir de mi mente,
y tener algo en que apoyarme.
Reducir el espantoso dolor demente.
Psicoanalítico el mal que aquejo.
Desesperado por querer coger una rama de olivo.
Y saber que me arropa.
La destrucción del desquebrajado
cerebro mío
derrama mal humor.
Susurro la copa del árbol maldito.
Mi presente sale de copas sin mí.
Y mis manos se llevan a la cabeza
con paranoia cautiva
dolor reiterado sin limites…
Cuerpo insano.
Mente doble.
Pies cansados.

Ni el agua fría podrá hacerme andar de nuevo.
Pido una pausa.
No tengo más remedio que hacerlo,
porque estoy harto.
Mi problema no tiene solución.
Como una carretera sin luz.
Como un animal al que le rompieron la mandíbula
y deja de beber.
Como un colchón de cuchillos mellados.
Un cajón de pérdidas.
Un desafío que me come por dentro.
Mi mente quiere morirse.
Y busca las bragas a la libertad.
Para follarla.
Como el conejo negro.
Como el cuervo que come ojos y vuela.
Y nunca vuelve.


Camino de azahar

Pego la cama al techo.
Pongo las ruedas al barco del sufrimiento.
Corro para querer correr,
                                                   -el rumbo lo ignoro.
Mucho dolor de cabeza.
Demasiado picante en la burundanga.
Camino de azahar.
Destrozado e inútil es mi posición,
porque busco el descanso,
pero él no me encuentra.
Camino estrecho.
Por rocas nucleares.

Un murciélago que mira la luz
del contorno humano.
Mi mente estallará
y mis sesos serán confetis
cual bombones de caramelo.
Mi vagina está cerrada.
Mi boca hacia abajo.
Mis orejas sangrientas
de pedazos de basura…
Y mi psique dura.
Rota.
Amarga.
Como un erizo de mar.
Revienta los músculos
y resquebraja el cráneo,
como los clavos de buda.
La voladora causa de mi dolor.


Caramelos

Calaveras de saco roto
que me invaden y soporto
cual peso en oro.
Serenidad que un día
me dejará solo.
Tanto que decir,
sin lengua más alto todavía.
Recelos de espía que mata a sangre fría.

Hace rato que resisto
al dios inexistente.
Mundo hostil,
mundo parado,
quieto.
Celebro que me duele la cabeza,
Explotará.
Caeré en el pozo sin fondo.
Y despertare en dos cuerpos…
Que divinos
cruzaran el mundo
hacia la catarsis maldita.
Reharé la hecatombe
y morderé el polvo.
Sangre de rata muerta.
Mierda sacarosa.
Vomito celestial.
Saliva petrolífera.
Pavimento de nudos de garganta.
Miedo triste.


Carne de madera

Corazón que asiste a la perdida somnolencia.
Rescataré la fugaz templanza
que moja mis brazos,
que cortaré para coser alas de pájaro
para volar alto.
Y estrellarme en una playa soleada.
Y construir una cabaña.
Una cabaña subterránea.
Donde el miedo pútrido
no tenga escapatoria.
Y así las promesas
quedarán a buen recaudo.
Y soplaré y soplaré
hasta romper la pared de la certeza.
Haciendo así el poderoso acierto.
Devastadora fórmula de incertidumbres
y pesares…
Soy libre,
soy un soñador.
Y creo que soñar hace el destino.
Como tabaco en llamas.
Humo cargado de lejanías.
Lejanías y mismidades.
Como carne de madera.
Recia.
Cálida.
Natural.


Como el mas allá

No pido ayuda.
No pido suerte.
No pido amantes.
No pido un zoológico para reírme de mí mismo.
No pido dinero.
No pido falsa justicia.
Vivo con miedo.
Creo que un día me largaré sin planear mi muerte.
No pido nada.
Solo pido una tarta para soplar.
Pido desearme a mí mismo.
Vulgar ego opresor.
Odio a la gente.
Me quieren matar.
Me quieren desintegrar.
Estoy solo.
Nacido del coño de la hambrienta mediocridad.
Creado en el vientre de la majestuosa verdad.
No pido nada.
Solo pido un segundo.
Para descargar lo que hay en mi alma en aguas turbulentas.
Para revenar a llorar.
Para renacer.
Solo me pido a mí mismo.
Para morir y plantar el árbol de la vida en el mas allá.


Como una ramita seca

Causa de muerte por aclamar
al libre albedrio.
Anarquismo celestial.
Control mental
y a las armas.
Sin drogas muertas.
Sin trato único
ni especial.
Una explosión de míseras
astillas de madera
y cuchillos mermados.
Lava de hierbas.
Agua que soplas si está congelada
y rompe el recipiente.
Quiebra el molde
como una ramita seca.
Rompe el silencio
y deseca toda esperanza.
Control mental
y a las armas
Desde el precipicio.
Un salto al vacío.
Buenaventura .
Calados de agua radiactiva.
Caída dura,
de perfumes de ecos,
ecos del pasado que vendrá.
Vendrá para hacerse con el mando.
Siquiera para desmontar la vía
de las venas y arterias
de la muerte.
Secuestro y muerte.


Cuando necesito nunca tengo

Cuando necesito calor ¿con quién voy?
Cuando necesito estar acompañado ¿a quién recurro para que me de amor?
Cuando estoy triste ¿quién me hace reír?
Cuando necesito caricias ¿quién me da cariño?
Cuando me siento solo ¿quién me acompaña en mis charlas nocturnas?
Cuando pido un beso ¿quién me lo va a dar?
Solo estoy.
Envidioso de tu suerte.
Solo estoy.
No sabes la suerte que tienes.
Yo, toda una vida declamando a la mujer negra…
Y tú en dos putos meses tienes a tu mujer africana de pies a cabeza
Buena y lista.
Guapa y femenina.
Fuerte y cariñosa.
Salvaje y risueña.
Siempre riendo con su personalidad abierta.
Solo estoy.
Estoy solo.


Cuerdas que atan el aire

La belleza inunda el charco
que nunca se evaporó de cristales.
La crisis emocional golpea
y el corazón arde y canta.
La sombra espera a la luz para brillar
y las cadenas atan para ser rotas,
y la brisa de serpenteante fervor matinal
es el esfuerzo antes de la concordia.
La audacia es un hotel de carretera.
La niebla recae pesada en la mirada
de la grandiosa prudencia,
para remontar el camino
hacia la próxima redención.
La calada de verde flor
arrebata el sueño de ansiedad,
de castración de envidiosos
y cuerdas que atan el aire.
Aire que sorprende la bruma
de la cordura.
La sorpresa es la divina espalda.
El hombro sátiro.
Y la cabeza enajenada
hacia el fondo del pasillo
del selvático encuentro.
La verdad y la mesura
cual asunto turbio.


Destellos en la mirada muerta

Elegancia petrificada.
Profunda vagina salivada.
Pezón de araña.
Pilas en la espalda del bufón.
Manifiesto que perturba al niño muñeco.
Atardecer de espinas sin acabar pinchado.
Finalmente acaba lo que empieza la ira…
Consecuencia voraz
y despertar insulso.
Reclamo curvilíneo.
Hasta la más podrida escalera hacia el cielo.
Mi prostituta preferida,
la que habla por los codos
y llora antes de cautivar el placer obligado.
Falso placer.
Burdel de falacias.
Falacias que realzan las pepitas de oro
en el vaso vacío.
Donde caerá dentro la dama sofisticada.
Y madurará hasta tener en cuenta
que la pobreza miente…
Y la riqueza no tiene bolsillos.
Sino destellos en la mirada muerta.


El aura

Resbalé.
Y me rompí la cabeza.
Mi ángel de la guarda
no abusó de mí.
Los demonios se hicieron colegas
junto a Jesucristo y Buda.
Me licencié
en la universidad
de la locura.
Y vi caer a muchos,
a los que me importan
una mierda.

Intentaron jugármela.
Pero salí a flote y me vengué.
Maté y lloré
por haber matado y vencido.
Jugué a las cartas y me llevé el millón.
Perdí la cabeza y me llevé el perdón.
Llegué a casa sin dinero
y me golpearon por rico.
Me denunciaron por acoso,
y Salí de paseo con mi dama preferida.
Resolví todo cuanto me llegaba.
Y trate de resolverme a mí mismo.
Sin ser visto,
juré y juré por mis testículos.
Y saqué mi árbol a la playa.
Al que llamé aura.
El aura del insomnio.
Insomnio cauteloso y rimbombante
cual bombín de terciopelo.


El gusano en la manzana

La bebida que encuentro
en los parajes infinitos
alimenta mi sed
de trastorno y delirio,
cual gripe de las montañas .
Antigua parada de locos.
Antiguo paradero de los indios
de la flauta de caña.
Peyote en mi piel.
Piel escamosa.
Subacuática.
Marinero de bañera
Subatómica.
Teoría de expansión del corazón dañado
por las drogas de la mente.
Conexión de neuronas errónea.
Cautiverio y libertad unidos
por la empresa de la fiebre del oro.
Oro que pesa y se hunde
en la frontera de los dos magos.
Uno arriba, volador cual loro verde.
Otro muerto, blanco,
y que ha sobrevivido
a la matanza del gusano
en la manzana.


El país de los colores

Perder la vida en solo un año,
es como coser una bufanda
en el segundo de un suspiro sin aire,
la lluvia bebe heroína
y el cadáver revive y se va de putas,
con el amigo del alma tullido,
tullido como una paloma sin patas
que quemó el cable eléctrico
de las entrañas
de las cloacas de la ciudad.
Pienso que podría morir ahora,
pienso que podría dedicarme
a morirme cada día más,
pero sin ir de pedir nada a cambio,
sino pedir el perdón a todo dios,
y quebrar mi huevo,
cavar hondo hasta el núcleo
de las maravillas
en el país del placer,
una mamada después de la cena,
un perfume de eucalipto,
y una rana para chupar
y volar al país de los colores.


El panal de la lujuria

Las maletas a punto de estrellarse
junto con el avión.
La esperanza enajenada
y solidificada con el martillo.
El martillo que vio nacer
a la herrera ciega.
La disputa del ganador que perdió
todo al apostarse a sí mismo.
Las galletas que atragantan al anciano…
Y le devuelven el placer
de una penetración
en el bosque de la egolatría.
Una cigarro de malos humos;
La ceniza bebe sangre de pulmones
blancos e inmaculados.
La brisa que desentierra
la falsa promesa
del equilibro baboso y decidido.
A cauterizar la avaricia
de todos los tiempos
hasta caer despierto
en el panal de la lujuria.
Donde las abejas picarán el escroto.
Desde la columna vertebral.
Desde el inicio de la causa.


El piano

Robo un pensamiento.
Regalo una palabra.
El edificio blanco se derrumba.
Y las paredes se convierten en escombros.
Como un árbol caído,
el doctor solloza por mi sueño
de trapos sucios.
Sueño nocturno.
Sueño convertido en pesadillas,
perseguido por el hombre del saco,
mientras suenan las cuerdas de piano…
El piano toca lo que puede.
Y toca cuando puede.
La red me atrapa y me hace microscópico.
Me ata y me introduce en la caja tonta.
Las hojas secas marrones y rojas,
se transforman el olores a fresa y canela.
La nota de mi locura es indestructible.
Por eso el piano toca.
Toca cuando puede.
Toca lo que puede.


Globos y cadenas

Mujeres que deben sufrir
por volar alto.
Hombres que deben padecer
el peso de caer bajo.
Niños y niñas que perdieron la vida
con la guerra futura.
Globos y cadenas suben por la corriente
de aire caliente.
Legendarios eufemismos cobardes
y reclamos hacia la falsa realidad
en que yacen desde hace un segundo.
Luces con cuerdas.
Cuerdas de barcos de cocaína
que zarpan en línea y hacia arriba.
Pesares de astronautas retirados.
Miedo y terror cósmico
por la verdadera elevación
del alma hacia los infiernos
de la suite más guarra
del hotel más caro.
Perros verdes que persiguen
longanizas en diapositivas,
virtuales tratados de paz
y ungüentos serviles.
Globos y cadenas, que suben y suben.
Globos y cadenas.


Hazlo por mí

Harto de la humanidad.
Terremoto en mi personalidad.
Estoy hasta los cojones de tu amor;
Tanto tienes, tanto vales.
Soledad temprana y tardía
cual ramita seca al viento
de tornado demoledor de praderas.
Coches basura.
Carreteras inundadas de champan.
El volante gira acelerando el motor
de pistones gigantes.

Pesa y se rompe mi alma.
Mi imaginación muerta
no puede competir con una foto.
Calamares de gelatina.
Algas marinas de seco temor.
Asustadizos cambios de terror nocturno…
Harto de la humanidad,
tengo un don aún por descubrir.
Solo que yo sé cuál es.
Y tú humanidad,
siempre acompañada
de mujeres.

Os odio a todos.
Pido respeto.
Y no me cabreo para no liar un pollo.
Grito respeto.
Quiero amor.
Y no tengo.
Odio a vuestra suerte.
Suerte estúpida enclenque.
Ratas de cloaca
de mierda sois.
Los suertudos anti gravedad.
Anti artísticos.
Picáis piedra sin conocer el pico.
Rompéis corazones
sin conoceros a vosotros mismos.
Vuestra alma no arderá al final.
Pero no volareis nunca.


Hice

Matar.
Morir.
La caída del imperio.
De la vida.
Solo un viaje.
De ida por favor…
Reconocí que el vagabundo bebe vino,
y nunca lo vi beber.
Calcé los pies del poeta
que nunca caminó descalzo.
Até las riendas al caballo
y nunca presioné mis dientes
cual enfermo de cáncer.
Salí volando al cuarto café
Sin saber cuánto derramé
en mi cara de estúpido.
Conquisté la dama que no duerme
y la dejé por hablar bajo.
Recorté la prensa del periódico
y no sabía leer en absoluto.
Maté al anti cosmos
sin saber de dónde vengo.
Le di poder al pasado,
y la primera cosa que hice
es ir hacia el futuro.


La increíble verdad de la nobleza

Dos pechos.
La fiel promesa.
Caricia de calor.
Pies fríos.
Manos que aplauden el ayer.
Piernas que caminan.
La idea corrompida.
Concepto espiritual
que desmonta la cultura popular.
Caigo por la madriguera de conejo.
Pura roca afilada.
Profundidad del inconsciente,
seis cosas imposibles
antes de desayunar.
Meditación salvaje.
Claridad que no ve el mañana.
Mancha de lágrima seca
cual sangre coagulada,
como un pensamiento
que se repite y se congela
para arder a fuego lento.
Y renacer para el siniestro total.
Alma pura y noble.


La maldición divina de la locura del inconsciente

La divina providencia
persigue al roedor.
Hace una sopa de tortuga extinta.
Hace volar el dodo
y toma el té con el sombrerero loco.
Con el poder os lo he dado todo,
decía el dios de la existencia,
plausibles facciones de ficción.
Práctica de parajes rancios,
gallinas que corren sin cabeza
y cocodrilos que brillan
por sus dientes de perla rojiza
me atrapan para mis adentros.
Y en mis sueños aparecen letras y números,
la maldición divina,
la locura del inconsciente,
la mala nota;
El desespero en la casa de campo
se despierta al canto del sol,
las pérdidas que no pudiste recuperar,
la moneda de dos caras,
porque es inmortal el poder de la locura,
la locura del incesante.


La piedra volcánica naranja

Porque por mi soledad
que juro estar solo.
Tiendo a amar a la mujer de otro.
Su amabilidad confunde a cualquiera.
Y sobre todo mi mitad del conjuro.
Porque la mejor caricia
es la que no me han brindado.
Violines de alta tonalidad
como la voz cálida del bostezo
que nunca existirá.
Y brevedad con puntos de sutura
agarrando la piel a tiras.
Porque siento la soledad
y juro que está dentro de todos.
Pero no asfixio mi pesar
con la severa emoción del anhelo,
ya que falta el amor.
Y la monotonía del cese
de afables promesas,
se extinguirán tal sea pronto.
Y juro que acabaré con el suplicio
del calor humano;
Si alguna mente se interpone en mi camino
La aplastaré la equívoca certeza.


La última voz

La catarsis.
El cataclismo.
Cinismo a resolución y escala mil.
Un hotel lleno de putas.
Condones usados.
Y tabaco barato…
La sábana sucia.
Paredes inmundas.
Atroces pechos.
Cuello y garganta profunda.
Labios rojo teatro.
Sonrisa cautiva.
Y monedas extraviadas.
Cárcel de orgasmo infinito y letal.
Paredes que sueñan
en solo ser un domingo.
En la barra vasos de plástico.
Y delictivas esperanzas.
Camellos del invierno y hielo caliente.
Zarzas de vayas amargas.
El seductor que retrocede y pierde
la ultima voz.
Voz de calamidad hacendosa.
Hacendosa e impertinente.


La ventisca

Corro para no mojarme.
El cuerpo de lino me atrapa
y me encierra en una capsula,
entero, paso por la fase de oruga
para luego ser mariposa,
y acabar siendo escarabajo
de esos que transportan mierda
y cavan su tumba.
Como la momia se apropia
de los ojos del pastor
sin su rebaño,
el rico y sus secuaces
desmiembran al pobre alcoholizado,
que sereno se desploma
y cae en redondo
tras la muralla de las cloacas,
mientras éstas ven caer el mundo
ante los jinetes del mal,
ni dios puede pensar sobre seguro,
ni el diablo cae de risa
por la ventisca.
La ventisca,
la ventisca del terror.


Lluvia de espinas

Llueven amores.
Amores que cortan la carne.
Amores de espinas
que desvelan a la doncella retorcida
que come cerezas,
que come pasteles.
La raíz romperá la tierra,
y el fruto crecerá
dentro de un vientre.

Llueven amores de lluvia de espinas.
Llueven amores.
Amores que cortan carne.
Amores de espinas.
Contrato con el más allá.
En mi casa se matan niños
para hacer hombres máquina.
Con la marea alta
los barcos se hayan muertos.
Sin olas.
Sin agua.
Llueven amores.
Llueven espinas.


Majestad, quiéreme

La lluvia tocada
por el vestido del insomnio.
La sensación de tocar
el cielo con la mano del dedo alado.
La melodía de incierto arrebato.
La colisión del desierto
de nieve con el crédulo espejismo.
La dureza y vida del cerebro
que nunca duerme.
Pasajes de novelas malditas y solemnes.
Cándidas esperas para desmembrar el día.
Virtudes que la cabra dijo en el golpe de roca.
Valientes osos que invernan la idea inmadura.
Desastrosas misiones de reconquistas
perdidas al son de la cura y el espíritu
del Álamo que es construido para la guerra.

El suicidio rompe la cuerda
que de atar la cornisa hacia la nada
cae y desmiembra
la seguridad de la paz.
Carrera de sapos,
que drogados
saltan hacia dentro de sus mente amorfas.
Y el agua pura envenenada
crece en caudalosas secuencias.
Hacia la prioridad toma de territorio.
Territorio sombrío
de la prostituta sin órganos.
Ni huesos .
Ni belleza.
Solo elegida por su corazón.
y libertad relámpago.


Mezclando

Por un camino de esferas de plástico
tropiezo con mi pensamiento.
Ruego que no explote mi corazón
por la velocidad.
Efecto sonoro del pálpito extraterrestre.
De la mierda a la vida.
Las moscas en su cauce existencial.
La rutina del individuo
y el soldado del placer.
Rascacielos que piden limosna.
Celosos que piden ahorcar a la dama satinada.
Negra esperanza.
Luz que llama a los fuegos artificiales
del mal pensar…
Ni la menor estructura anímica
puede salvar el pellejo.
Ante estas llanuras de mentes enajenadas,
mezclando dopamina y serotonina,
saliendo a luchar por vivir un día más.

En la pútrida somnolencia.
En la pútrida razón de ser sin concretar
la ciencia del auto deshielo.
El cerebro candente.
La mirada de humaredas.
Las piernas andantes sin saber a dónde ir.
Los dedos fríos,
y la calma en los pulmones.
Pero la excitación propensa al dolor
en los huesos y el alma.


No lo sé ni yo

Tengo manía persecutoria…
Mi genialidad de cerebro detona
esparciendo la hecatombe
en cada cabeza mediocre.
Ni sangre en las venas…
Horchata pasada caliente
tienen esos perdedores…
Una montaña rusa es mi mente.
Mi corazón una catapulta,
y mis arterias cohetes nucleares.
Mi pensamiento solitario no ríe nunca.
Mi boca si.
Mis manos hacen gestos
cual abogado que cobra
por defender lo indecente.
La felicidad está a un paso.
En nuestras manos.
Oh nena, no sabes lo que siento.
No lo sé ni yo.
No lo sé ni yo.


No tengo tiempo

Mi locura enajenada por la cálida esquina del infinito.
Sufro la calma de las mil batallas.
Espero somnoliento el colocón cocainómano.
Despierto lleno de sudor y a pedazos mis pies.
No tengo tiempo de soltar una lágrima.
No tengo tiempo ni de echar una meada de semen.
Me masturbo con el terror.
Declaro la guerra a mis sábanas,
Y llego al techo con los pies en el suelo…
Donde el polvo y la mirada se nutren de sal.

Tanto sufro…
Reviento y salto por los aires.
Cuando pienso que vuelo por la habitación
veo figuras de ímpetu inmóvil.
Resisto y me mato .
Y todo acaba.
Porque no tengo tiempo.


Orgasmos

Me preguntaron si quería hacer el amor o la guerra.
Y respondí que quería ser un guerrero del amor.
Un soldado de la cumbre borrascosa.
Un amante del sueño eterno.
Un castillo de arena o de madera.
Un palo de menta o de regaliz.
Un ojo vacío,
o un estómago lleno.
Un corazón enajenado.
O un ánima segada por el terror.
El miedo de adrenalina.
El placer de morfina.
El gusto de cafeína.
Orgasmo de destellos de viajes
hacia lo nunca visto.


Pide socorro

Casas rotas y paredes altas.
Pisos marrones de mierda animal.
Paraguas que aguanta el peso de la lluvia atómica.
Deseos de navidades pasadas.
Y carencia de preservación del medio.
Bosques y selvas.
Que caen ante el imperio.
Vueltas y vueltas y muertas praderas.
Vueltas de medio grado.
Quinientas alas para resentir el vuelo.
Y saltos de precaución
ante el dominio de las escenas hiperrealistas.
La amante que se queja por el diamante minúsculo.
Y sanos músculos y peces carnívoros…
Que nadan desde que un individuo
pide socorro ante la duda de caer o levantarse.


Quiero desaparecer del todo

Quiero desaparecer del todo.
No aguanto mi persona.
Rompo mis manos
y mis pulmones aspiran todo el humo que pueden.
El corazón me late lento y hundido,
y ofendido.
El cerebro enmohecido
por el tiempo que me atañe.
Respiración cortada por el derrame interno.
Una casa abandonada
con hachas afiladas.
Colchones de plumas que pesan toneladas.
Paredes que se hacen curvas.
Y ambiente de flojera anímica.
Mi corredor de la muerte.
Quiero matarme.
Si así soluciono todo.
Quiero desaparecer del todo.


Sanción

Caer de espaldas.
El pensamiento de desdicha
recae ante la impasible diosa del sueño,
pero el valiente cree en Dionisos.
Dios de dioses.
Dios del todopoderoso despertar,
que saldrá a flote hasta el planeta más lejano.
Y curará las heridas del combate.
Sanción de por vida.
Dionisos, éxtasis divino.
Vida.
Todo.
Nada…
            -menos.


Siento el porqué

Porque perdí mi valor
dos días antes de perder el oído.
Siento que relevo mi farsa
a otra más penosa.
Siento que resuelvo un crucigrama
que tiré hace tiempo.
Siento que mal me porto
por no concretar la hora de follar.
Follar solo.
Follar con la mano
del hada de los locos.
Siento que pierdo la conciencia
y la mente cae no sé dónde.
Siento que perdí la partida
y descubrí que la robé yo mismo.
Siento que recobré el aliento
sólo para volver a morir.
Siento que dejé caer a mi hermano de mi mano
porque no tengo dedos.
Porque perdí el hambre
a llorar despierto y por dentro.
Siento que amanece muy tarde
y el día se acorta súbitamente.
Siento que odio a todos
porque no me odio, pero me odiaré.
Siento que el relámpago es alto y bajo,
gordo y flaco,
lento y rápido,
grande y pequeño.
Siento que reír sea tan caro
y que cueste un minuto.
Siento que dormir es para traidores
y robots.
Siento que me hago daño
y el bien es su dueño.
Porque caí enfermo y no me curé.
Ralentizo la hora de la derrota
y me pregunto si estoy vivo.
Y así siento el por qué.


Sin luz y sin velas

Crucifiqué la última vela.
Me quedé sin luz en una habitación sin ventanas.
En un culo de botella de vino picado, avinagrado.
Sorprendí a la vecina fondeando con el butanero
mientras su perra peluda ronroneaba cual gato en celo.
Y el canario atrapaba un palomo arrancándole la cabeza
cual perro famélico y sucio.
Sucio como la maltrecha mente del pescador,
que decide dar sin saber que aprieta el botón rojo
de la gloria de la guerra atómica.
El lechero ya no le trajo leche.
No pagaron la cuota.
Y sin luz y sin velas,
morirán tras del sol.
Delante de la luna.
Entre una explosión
y un terremoto de heces líquidas.
Un árbol nacerá.
Y el pecador sacudirá el tronco.
Y las frutas caerán.
Y las raíces se secaran.
¿Cuántas veces el impertinente sacará su careta de saqueador?
Y perturbará al soñador
libre de sombras y fantasmas.
Sin luz y sin velas.


Sombras de la serpiente

Resuelve la mirada del dios muerto
y empatiza con las duras consecuencias.
Levanta la piedra que presiona el corazón
y rómpela hasta ser polvo del espacio.
Despacio, que la prisa morderá
al defensor de los espíritus.
Caerás vivo en el carcelario sistema
de la persecución maniática.
Y desharás la conciencia de los titanes
que despertarán y comerán de tu mano
la delicia de negra esclavitud,
las cadenas del peso y del beso.
Beso del cataclismo desintegrado
por la última jugada.
Un sentido único
y un servicio a domicilio.
Cómodamente en la cueva
con las sombras.
Sombras paralíticas.
Sombras de la serpiente.
Elegante y autocomplaciente…
Que florece en el veneno
la esperanza seca
y la autoestima etérea.
Y desemboca al mar.
Mar de esquivas motas de polvo.


Todo el tiempo

Me cago en mi enfermedad crónica.
Sin tiempo.
Quiero emborracharme y gozar de la nada.
Sufro todo el tiempo por mí.
Se me acaba la paciencia.
Me ato de pies y manos.
Stop libertad.
Adelante locura.
Alienación de triste sonar.
Alienado mi corazón está
sin mi soledad.
Ni si quiera con ella vivo.
Oh día feliz, ¿dónde estás?
Queridos reyes magos;
Pido algo más que a mí mismo.
No creo en el egoísmo.
Creo en la toda presencia del Zeus más presumido.
Buen dios.
Me cago en todo.
Coño!!!!
Cojones!!!!
Mierrrrrrda.
Me cago en dios y en la virgen de los dolores!!!!


Una calada caliente

Mucho tabaco.
Nicotina incierta en el pulmón dorado.
El otro de negro hollín.
La cara con una sonrisa perdida.
Y las manos aferradas al terror.
El presente me engulle
y el humo separa la verdad de la otra verdad.
Saco un papel.
Y estacas de madera aromáticas.
Fumo sin cesar
la mente hueca da las gracias,
y se comporta cual reptil cavernoso,
resucitando el miedo a caminar,
a huir por patas,
a caer en redondo,
a hacer del grito un silencio,
a hacer del silencio una calada,
firme,
una calada caliente.


Whiskey con hielo

Camisas de tristeza
visten a los castos pervertidos.
Castas de castos violentos,
gatitos de porcelana.
Tortugas que atraviesan
colocadas en modo avión.
Deterioro de coca y azúcar moreno.
Moreno coño de las mil delicias.
Descaro silencioso.
Salitre en el motor de la máquina del tiempo,
que un día volverá del pasado.
Pasado de intoxicación etílica.

Quiero beberme todo un mar de alcohol.
Y derramar mi alma por el conducto de mi ano.
En forma de miradas cautas.
En forma de miradas curiosas.
Cual la del niño pobre.
Que en la cárcel vio vivir a su bisabuelo.
Queriendo salir a llorarle
a cualquier zorra peluda,
de coño prieto,
que con dos duros se hace su casa de vacaciones,
y menuda,
muere por falta de agua potable.
Reclinada y sin huesos.
Sin ojos ni cariño.
Sin apoyo ni amigos.
Sin dios ni amor.


DE MENTES - 2017